Jorge Ramos
El principal problema actual de la economía española, su principal hándicap a la hora de acometer su recuperación, responder con fuerza a los ataques de los mercados de la especulación y afrontar el futuro, es el índice de paro. Para reducir el paro a límites aceptables, si es que puede calificarse de aceptable un porcentaje de paro por pequeño que sea, solo existe una solución, favorecer que se creen nuevas empresas, que se fortalezcan las existentes y que aumenten su competitividad y su productividad para poder crear empleo.
Una empresa funciona, o debería funcionar, como un barco, si todos sus tripulantes, incluido el capitán, no trabajan juntos y no hacen bien su cometido, el buque corre serio peligro de naufragar. Si se trata de un buque dividido, en el que impera el maniqueísmo, en el que los tripulantes no confían en su capitán y le llaman tirano, y el capitán no confía y no aprecia a su tripulación y les llama vagos, y unos y otros se echan la culpa sin trabajar juntos y en equipo, la situación se agrava más todavía. Y si ninguno de ellos confía en su barco/empresa/país, la cosa se complica hasta el extremo total.
Los trabajadores de una empresa tienen derecho legítimo a un sueldo digno que, por otro lado, es irrenunciable e incuestionable porque además es un derecho reconocido en la Constitución Española y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero si la empresa no produce ni tiene beneficios no puede pagar los sueldos, ni pequeños ni grandes. A no ser que sea una ONG e incluso en este caso hablaríamos de lo mismo, de que debe recibir suficiente subvención para poder pagar a sus miembros. Salvo, claro está, que defendamos la cultura de la subvención indefinida para las empresas, que es pan para hoy y hambre para mañana.
Una empresa que no produce es una empresa que no obtiene beneficios y una empresa que no consigue beneficios económicos está condenada a entrar, más tarde o más temprano, en una crisis que la llevará, si no se pone remedio, a iniciar un proceso de reducción de empleo ir empleo ya declararse en recurso de acreedores. Este es uno de los puntos en que se fundamenta el planteamiento de vincular los salarios a la productividad de la empresa, una productividad que puede medirse por factores como la importancia de los beneficios. No se trata por tanto, creo, de medir la productividad de cada trabajador y pagarlo en proporción sino de medir la caja de tesorería de la empresa para saber cuánto puede pagar en cada momento concreto de su historia, porque si no se ingresa no se puede gastar y no se puede gastar más de lo que se ingresa.
Y un Estado es, o debería ser al menos, operativo como un buque y como una empresa. El Gobierno es, si hacemos una analogía, el capitán del barco elegido democráticamente por sus tripulantes (los ciudadanos) y ambos deben hacer bien su cometido, y cuando el capitán de un barco, o el ejecutivo de una empresa, o el presidente de un país, no funciona, lo lógico es sustituirlo en el puesto, de forma tan democrática como fue elegido.
Una de las causas del problema actual, sino la principal causa, es la mentalidad que tenemos en España de preocuparnos mucho por nuestros derechos y poco por nuestros deberes. Recuerdo una historia de un joven español que logró un puesto de empleo en una importante empresa del automóvil en Suecia y que, en su primer día de trabajo, fue llevado a la fábrica en coche por un compañero que también era español y trabajador antiguo de dicha empresa. Al llegar, el aparcamiento estaba vacío porque era muy temprano y el conductor aparcó el vehículo en la última plaza del estacionamiento, la que estaba más alejada de la puerta principal de la fábrica. El joven español que vivía su primer día de trabajo preguntó, sorprendido, cómo era posible que estando todo el parking vacío hubiesen aparcado tan lejos. La respuesta fue sencilla: “mira, aparco aquí porque hemos sido los primeros en llegar y tenemos tiempo de sobra para caminar tranquilamente hasta la puerta, pero luego irán llegando el resto de compañeros y cuando llegue el último quizás vaya con el tiempo justo y necesite la plaza más cercana a la puerta y evitar entrar tarde, cosa que nos haría bajar nuestra tasa de productividad y que influiría negativamente en la marcha de nuestra empresa y todos saldríamos perjudicados” ¿Qué mentalidad adoptamos? La mía la tengo muy clara, que cada uno elija libremente la suya y obre en consecuencia.
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